Han pasado treinta y un años desde que la brisa nocturna del Caribe, en el barrio El Centro de Tela, se mezcló con el olor a pólvora. La noche del 6 de febrero de 1995, un solo disparo calibre 9 milímetros terminó con la vida de Blanca Jeannette Kawas Fernández, pero detonó una onda expansiva de indignación que aún persiste en la jurisprudencia internacional. Al conmemorar más de tres décadas de su martirio, no sólo recordamos a la mujer que fundó PROLANSATE, sino a la arquitecta de una resistencia que transformó la ecología en una defensa frontal de los derechos humanos.

El crimen fue una ejecución profesional, diseñada para sembrar el terror entre quienes se oponían a la expansión de la palma africana y la privatización de la península de Punta Sal. Sin embargo, los autores intelectuales subestimaron el legado técnico de su víctima. Antes de morir, Kawas había logrado blindar el territorio mediante el Decreto Ejecutivo 154-94, una herramienta legal que declaró la zona núcleo como inalienable e imprescriptible, prohibiendo terminantemente la titulación a favor de consorcios privados. Ese decreto fue su testamento político y la causa de su sentencia de muerte.

La impunidad sistémica en Honduras sigue siendo una herida abierta. Aunque la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado en 20091 —reconociendo por primera vez la relación innegable entre la protección ambiental y el goce de derechos fundamentales—, la justicia penal interna quedó en deuda. La investigación inicial, plagada de negligencia y contaminación de la escena del crimen, permitió que los responsables se ocultaran tras las sombras del poder fáctico.

La figura de Jeannette Kawas no es un recuerdo estático; es el primer eslabón de una cadena de sangre y resistencia que conecta directamente con Berta Cáceres, Juan López y otros defensores de la tierra. Al observar hoy los manglares de la Laguna de los Micos, entendemos que el Parque Nacional que lleva su nombre no es un regalo del Estado, sino un territorio ganado en un conflicto latente. Su memoria nos interpela. La defensa de nuestra “casa común” sigue siendo una actividad de alto riesgo, pero necesaria para la supervivencia colectiva.

  1. Corte Interamericana de Derechos Humanos. (2009, 3 de abril). Caso Kawas Fernández vs. Honduras. Fondo, Reparaciones y Costas. Serie C No. 196. /assets/pdf/kawas-fernandez-vs-honduras-cidh-2009.pdf 

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