<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" ><generator uri="https://jekyllrb.com/" version="3.10.0">Jekyll</generator><link href="https://surcomun.com/feed.xml" rel="self" type="application/atom+xml" /><link href="https://surcomun.com/" rel="alternate" type="text/html" /><updated>2026-04-24T05:00:54+00:00</updated><id>https://surcomun.com/feed.xml</id><title type="html">Sur Común</title><subtitle>Un sitio web creado con Jekyll y el tema Minima.
</subtitle><author><name>Tu Nombre</name><email>tu-email@ejemplo.com</email></author><entry><title type="html">El Empleo (The Employment): un cortometraje sobre la deshumanización del trabajo asalariado</title><link href="https://surcomun.com/2026/04/23/el-empleo-the-employment.html" rel="alternate" type="text/html" title="El Empleo (The Employment): un cortometraje sobre la deshumanización del trabajo asalariado" /><published>2026-04-23T22:08:00+00:00</published><updated>2026-04-23T22:08:00+00:00</updated><id>https://surcomun.com/2026/04/23/el-empleo-the-employment</id><content type="html" xml:base="https://surcomun.com/2026/04/23/el-empleo-the-employment.html"><![CDATA[<p>Hoy quiero hablarles de un cortometraje animado que captó mi atención: <em>El Empleo</em> (<em>The Employment</em>), una producción argentina dirigida por Santiago “Bou” Grasso a partir de una idea original de Patricio Plaza. En esta pieza encontramos a un hombre que realiza su trayecto habitual hacia el trabajo, inmerso en un sistema donde el uso de las personas como objetos es algo cotidiano.</p>

<p>Podría decir que la historia se desarrolla al inicio de forma monótona —recurso necesario para introducirnos en el mundo del protagonista—; sin embargo, desde los primeros planos aparecen imágenes sugerentes que anticipan un desenlace interesante. Y al final, ese desenlace no sólo es interesante: es abrumador, visceral, genera toma de conciencia.</p>

<blockquote>
  <p>“El hecho de que el hombre sea ajeno al producto de su trabajo tiene como consecuencia inmediata que el hombre se haga ajeno al hombre.”</p>

  <p>— Karl Marx</p>
</blockquote>

<p>El trabajo asalariado es deshumanizador: nos convierte en mercancías y destruye, con mayor eficacia que cualquier otra forma social, la esencia concreta de lo humano. Cuanto mejor pagado está el trabajador asalariado, más explotado es, pues la suntuosidad de su salario sólo demuestra que el plusvalor obtenido de su trabajo es mayor. La lucha es contra el trabajo asalariado, no por mejores salarios; la lucha es por el ser humano, no por el “mercado”.</p>

<p>Unos trabajamos frente a una computadora, otros detrás de un escritorio, otros con una pistola. Otros, simplemente, quieren trabajar.</p>

<h2 id="el-empleo-the-employment">El Empleo (The Employment)</h2>

<div class="video-container">
  <iframe src="https://www.youtube.com/embed/cxUuU1jwMgM" frameborder="0" allowfullscreen=""></iframe>
</div>
<h2 id="ficha-técnica">Ficha técnica</h2>

<ul>
  <li><strong>Título:</strong> <em>El Empleo</em> / <em>The Employment</em></li>
  <li><strong>Año:</strong> 2008</li>
  <li><strong>Duración:</strong> 6 min 20 s</li>
  <li><strong>País:</strong> Argentina</li>
  <li><strong>Dirección:</strong> Santiago “Bou” Grasso</li>
  <li><strong>Idea original:</strong> Patricio Plaza</li>
  <li><strong>Animación 2D:</strong> Santiago Grasso y Patricio Plaza</li>
  <li><strong>Animación 3D:</strong> Lautaro Gonzáles</li>
  <li><strong>Diseño de personajes:</strong> Patricio Plaza</li>
  <li><strong>Postproducción y efectos:</strong> Santiago “Bou” Grasso</li>
  <li><strong>Productora:</strong> Opusbou</li>
  <li><strong>Premios:</strong> Ganador de más de 100 premios internacionales</li>
</ul>]]></content><author><name>Camilo Alvarado</name></author><category term="cultura" /><category term="cine" /><category term="cortometraje" /><category term="animación" /><category term="argentina" /><category term="trabajo-asalariado" /><category term="marxismo" /><category term="santiago-bou-grasso" /><category term="opusbou" /><summary type="html"><![CDATA[Un hombre recorre su trayecto habitual hacia el trabajo, inmerso en un sistema donde el uso de las personas como objetos es cotidiano. Seis minutos de animación para entender, sin decirlo, qué es la alienación.]]></summary></entry><entry><title type="html">Aaron Swartz, el hijo legítimo de Internet: vida, obra y persecución del hacker que quiso liberar el saber</title><link href="https://surcomun.com/2026/04/23/aaron-swartz-perseguido-por-compartir.html" rel="alternate" type="text/html" title="Aaron Swartz, el hijo legítimo de Internet: vida, obra y persecución del hacker que quiso liberar el saber" /><published>2026-04-23T16:00:00+00:00</published><updated>2026-04-23T16:00:00+00:00</updated><id>https://surcomun.com/2026/04/23/aaron-swartz-perseguido-por-compartir</id><content type="html" xml:base="https://surcomun.com/2026/04/23/aaron-swartz-perseguido-por-compartir.html"><![CDATA[<blockquote>
  <p>Aaron está muerto. Caminantes del mundo, perdimos a uno de nuestros sabios. Hackers por derecho, perdimos a uno de los nuestros. Padres todos, perdimos a un hijo. Lloremos.</p>

  <p>— <strong>Tim Berners-Lee</strong>, científico de la computación británico, padre de la Web.</p>
</blockquote>

<p><em>The Internet’s Own Boy</em> —<em>El hijo legítimo del Internet</em>, en traducción libre— es un documental que cuenta la historia, la vida y la trágica muerte de Aaron Swartz: el niño prodigio friki, líder de su generación, perseguido hasta el suicidio a los 26 años. La película está disponible en inglés en Internet Archive y con subtítulos en español en YouTube. Si no tenés planes para el fin de semana, vale la pena verlo: es una fuente reveladora de cómo los estados pretenden hacerse con el control de Internet y las corporaciones intentan privatizar el conocimiento y la cultura.</p>

<blockquote>
  <p>“El Internet es la forma de expresión más emocionante, moderna y desarrollada que existe. Y la expresión es un derecho humano. Claro que la internet debería serlo también.”</p>

  <p>— Aaron Swartz</p>
</blockquote>

<h2 id="el-niño-prodigio">El niño prodigio</h2>

<p>Son pocos los que logran involucrarse en proyectos tan importantes a tan corta edad. Decir que Swartz era un prodigio es un eufemismo: era mucho más que un programador inmensamente dotado. El documental incluye videos caseros que muestran al niño fascinante y vorazmente inquisitivo que fue. Amigos y conocidos han comentado en varias ocasiones lo intenso de conocerlo en persona y de verlo involucrado, desde los 14 años, en proyectos decisivos para la web moderna:</p>

<ul>
  <li>Fue coautor de las especificaciones <strong>RSS</strong>.</li>
  <li>Se convirtió en miembro de la <strong>W3C</strong>.</li>
  <li>Codiseñó el formato de lenguaje <strong>Markdown</strong> junto a John Gruber —este mismo artículo está escrito en Markdown, por ejemplo—.</li>
  <li>Ayudó a diseñar el código de las licencias <strong>Creative Commons</strong>, un sistema que usa la ley de derechos de autor para devolverle a la gente el control sobre cómo sus creaciones digitales pueden ser utilizadas por otros.</li>
  <li>Desarrolló la arquitectura del sistema de <strong>Open Library</strong>.</li>
  <li>Fundó <strong>Infogami</strong>, empresa que se fusionó con <strong>Reddit</strong> y que luego fue adquirida por la editorial Condé Nast.</li>
  <li>Fue una voz moral decisiva en contra de la ley <strong>SOPA</strong>.</li>
</ul>

<blockquote>
  <p>“Creo firmemente que no es suficiente vivir con el mundo tal cual está. Tomar lo que te dieron y hacer lo que los adultos te dijeron que hicieras. Lo que tus padres te dijeron. Lo que la sociedad te dice que hagas. Creo que siempre deberías cuestionar y tener una actitud científica en la que entiendas que todo lo que aprendes es provisional. Todo puede ser refutado. Lo mismo aplica a la sociedad. Hay cosas que pueden cambiar, y hay cosas que están mal y que deben cambiar.”</p>

  <p>— Aaron Swartz</p>
</blockquote>

<h2 id="su-legado">Su legado</h2>

<p>A medida que crecía, podía vérselo cada vez más interesado en la política. Era previsible: nadie con una inteligencia tan afilada como la suya podía dejar de percibir en el capitalismo neoliberal la injusticia, la hipocresía y la desigualdad que lo constituyen. Así se transformó en el activista político más dotado tecnológicamente de la historia. Miraba la injusticia y escribía software para remediarla.</p>

<p>Un ejemplo: cuando se enteró de que para acceder al archivo de transcripciones de la corte federal de los Estados Unidos había que pagar —es decir, que se estaba mercantilizando un derecho civil—, se unió a otros activistas para corregir el problema. La ley sólo podía leerla quien tuviera dinero. Se puso manos a la obra y mejoró un software pensado para almacenar, en un servidor de acceso público, los documentos que otros usuarios habían descargado previamente. La información empezó a llegar y, en un tiempo sorprendentemente corto, había 760 GB de documentos: unos 20 millones de páginas. Los prodigios tecnológicos de Aaron habían hecho efectivo un derecho civil violado.</p>

<blockquote>
  <p>Compartir no es inmoral: es un imperativo moral. Solo quienes están cegados por la ambición podrían rehusarse a dejar que un amigo obtenga una copia [de los documentos guardados celosamente en bases de datos]. […] No hay justicia al cumplir leyes injustas. Es hora de salir a la luz y, siguiendo la tradición de la desobediencia civil, oponernos a este robo privado de la cultura pública.</p>

  <p>— Fragmento del <em>Manifiesto de la Guerrilla por el Acceso Abierto</em>, Aaron Swartz</p>
</blockquote>

<h2 id="la-caída">La caída</h2>

<p>Su caída se produjo cuando volvió la atención hacia <strong>JSTOR</strong>, un sistema de archivo en línea de publicaciones académicas. JSTOR es una sociedad estadounidense “sin ánimo de lucro” que mantiene una biblioteca digital de artículos ocultos detrás de un muro de pago: las membresías institucionales de consulta van desde los 35 000 dólares al año.</p>

<p>Aaron ideó un método para descargar un gran número de artículos de JSTOR, usando un ordenador escondido en un armario del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Fue detenido en enero de 2011 y perseguido por los fiscales federales con un celo implacable, acusado de una serie de cargos que conllevaban una posible sentencia de hasta <strong>35 años de cárcel</strong>. Abrumado por la presión federal, se suicidó el <strong>11 de enero de 2013</strong>.</p>

<p>¿Qué llevó a los fiscales a ensañarse de esa manera? Claro que había roto la ley, pero no robó un banco ni asesinó a nadie. No hubo daño físico ni daño económico real: la descarga se interrumpió en proceso —lo encontraron “enchufado”—, JSTOR no sufrió pérdidas económicas y tampoco presentó cargos en su contra.</p>

<blockquote>
  <p>“El primer paso para hacer la diferencia es creer que puedes lograrlo. Porque en cuanto lo haces, avanzaste la mitad del camino. A veces te sentís sin poder alguno, te sentís pequeño, pero la realidad es distinta. Las cosas se ven así porque nos han hecho creer que no tenemos poder.”</p>

  <p>— Aaron Swartz</p>
</blockquote>

<p>Una explicación para la crueldad de la persecución nos muestra a un fiscal federal políticamente ambicioso, ansioso de hacerse renombre. La otra —más oscura, y a mi juicio más probable— es que las autoridades conocían la eficacia con que Swartz había organizado un movimiento de activistas en red para detener una legislación que pretendía censurar Internet: la ley SOPA. Había que sentar un precedente. Había que callarlo.</p>

<h2 id="palabras-de-la-familia">Palabras de la familia</h2>

<blockquote>
  <p>“El compromiso de Aaron por la justicia social era profundo, y definió su vida. Jugó un papel decisivo en la derrota de un proyecto de ley de censura de Internet; luchó por un sistema político más democrático, abierto y responsable; además ayudó a crear, construir y preservar una vertiginosa gama de proyectos académicos que extendieron el alcance y la accesibilidad del conocimiento humano. Utilizó sus habilidades prodigiosas como programador y técnico no para enriquecerse, sino para hacer de Internet y del mundo un lugar mejor y más justo.”</p>

  <p>— Fragmento del comunicado de la familia de Aaron Swartz tras su muerte.</p>
</blockquote>

<blockquote>
  <p>Debemos obtener la información, dondequiera que esté almacenada, hacer nuestras copias y compartirlas con el mundo. Debemos recopilar material que no tenga derechos de autor y añadirlo al archivo. Debemos comprar bases de datos secretas y colgarlas en la web. Debemos descargar publicaciones científicas y subirlas a las redes de intercambio de archivos. Debemos luchar por la Guerrilla por el Acceso Abierto.</p>

  <p>— Fragmento del <em>Manifiesto de la Guerrilla por el Acceso Abierto</em>, Aaron Swartz</p>
</blockquote>

<h2 id="para-ver-el-documental">Para ver el documental</h2>

<ul>
  <li><a href="https://archive.org/details/TheInternetsOwnBoyTheStoryOfAaronSwartz"><em>The Internet’s Own Boy</em> — en inglés (Internet Archive)</a></li>
  <li><a href="https://www.youtube.com/results?search_query=the+internets+own+boy+subtitulado+espa%C3%B1ol"><em>The Internet’s Own Boy</em> — subtitulado en español (YouTube)</a></li>
</ul>

<h2 id="lectura-recomendada">Lectura recomendada</h2>

<ul>
  <li><a href="https://es.wikisource.org/wiki/Manifiesto_de_la_Guerrilla_por_el_Libre_Acceso">Manifiesto de la Guerrilla por el Acceso Abierto</a></li>
</ul>

<hr />

<h2 id="ficha-técnica">Ficha técnica</h2>

<ul>
  <li><strong>Título original:</strong> <em>The Internet’s Own Boy: The Story of Aaron Swartz</em></li>
  <li><strong>Año:</strong> 2014</li>
  <li><strong>Duración:</strong> 105 min</li>
  <li><strong>País:</strong> Estados Unidos</li>
  <li><strong>Dirección:</strong> Brian Knappenberger</li>
  <li><strong>Guion:</strong> Brian Knappenberger</li>
  <li><strong>Música:</strong> John Dragonetti</li>
  <li><strong>Productora:</strong> Luminant Media</li>
  <li><strong>Género:</strong> Documental · Biográfico · Internet · Informática</li>
</ul>]]></content><author><name>Camilo Alvarado</name></author><category term="cultura" /><category term="tecnología" /><category term="aaron-swartz" /><category term="documental" /><category term="internet" /><category term="software-libre" /><category term="cultura-libre" /><category term="acceso-abierto" /><category term="activismo" /><summary type="html"><![CDATA[La historia, la vida y la trágica muerte del niño prodigio que codiseñó Markdown, peleó contra la ley SOPA y fue empujado al suicidio por una persecución judicial desproporcionada.]]></summary></entry><entry><title type="html">Un manifiesto de los Nativos Digitales, de Piotr Czerski</title><link href="https://surcomun.com/2026/04/23/manifiesto-nativos-digitales-piotr-czerski.html" rel="alternate" type="text/html" title="Un manifiesto de los Nativos Digitales, de Piotr Czerski" /><published>2026-04-23T16:00:00+00:00</published><updated>2026-04-23T16:00:00+00:00</updated><id>https://surcomun.com/2026/04/23/manifiesto-nativos-digitales-piotr-czerski</id><content type="html" xml:base="https://surcomun.com/2026/04/23/manifiesto-nativos-digitales-piotr-czerski.html"><![CDATA[<p><em>Un manifiesto de los Nativos Digitales</em> es un ensayo de <strong>Piotr Czerski</strong> que revela las contradicciones que han surgido con el estado actual de la cultura, Internet y la democracia.</p>

<blockquote>
  <p>No necesitamos monumentos. Necesitamos un sistema que esté a la altura de nuestras expectativas, un sistema que sea transparente y competente. Y hemos aprendido que el cambio es posible: que cada sistema que no es confortable para nosotros puede ser reemplazado y sustituido por uno nuevo, uno que sea más eficiente, más adecuado a nuestras necesidades, que dé más oportunidades.</p>
</blockquote>

<p>Piotr Czerski —en realidad <strong>Kordian Peter Klecha</strong> (n. 1 de abril de 1981)— es un poeta y escritor polaco, cofundador de la banda Towary Zastępcze, graduado en ciencias informáticas en el Politécnico Universitario de Gdańsk, con estudios de filosofía en la Universidad de Gdańsk.</p>

<hr />

<h2 id="nosotros-los-niños-web">“Nosotros, los niños web”</h2>

<p>Probablemente no existe otra palabra tan usada en exceso dentro del discurso de los medios como “generación”. Una vez traté de contar las “generaciones” que han sido proclamadas en los últimos diez años, desde el conocido artículo sobre la llamada “Generación Nada”, y creo que eran tantas como doce. Todas tenían algo en común: sólo existían en papel. <em>La realidad nunca nos ha dado un solo impulso tangible, significativo e inolvidable</em>, una experiencia común que siempre nos distinguirá de las generaciones anteriores. Lo hemos estado buscando, pero en cambio vino un cambio sustancial e inadvertido, junto con la televisión por cable, los teléfonos móviles y, sobre todo, el acceso a Internet. Es sólo hoy cuando podemos comprender plenamente cuánto ha cambiado durante los últimos quince años.</p>

<p>Nosotros, los niños web, quienes crecimos con Internet y en Internet, somos una generación que cumple los criterios de este término de una forma un tanto subversiva. <em>No hemos tenido un impulso de la realidad, sino más bien una metamorfosis de la realidad misma.</em> Lo que nos une no es un contexto cultural común y limitado, sino la creencia de que el contexto se define por sí mismo y es un efecto de la elección libre.</p>

<p>Al escribir esto, soy consciente de que estoy abusando del pronombre “nosotros”, ya que nuestro “nosotros” es fluctuante, discontinuo, borroso, de acuerdo a las viejas categorías: temporal. Cuando digo “nosotros”, significa “muchos de nosotros” o “algunos de nosotros”. Cuando digo “nosotros somos” significa que “a menudo lo somos”. Digo “nosotros” sólo con el fin de ser capaz de hablar de nosotros.</p>

<h2 id="1-crecimos-con-internet-y-en-internet">1. Crecimos con Internet y en Internet</h2>

<p>Crecimos con Internet y en Internet. Esto es lo que nos hace diferentes, lo que marca la crucial —aunque sorprendente, desde su punto de vista— diferencia: nosotros no “surfeamos” Internet; para nosotros no es un “lugar” ni un “espacio virtual”. <em>Internet, para nosotros, no es algo externo a la realidad, sino una parte de ella:</em> una capa invisible pero presente constantemente, entrelazada con el entorno físico. No usamos Internet: vivimos en Internet y a través de él.</p>

<p>Si tuviéramos que contarles nuestra <em>Bildungsroman</em><sup id="fnref:1" role="doc-noteref"><a href="#fn:1" class="footnote" rel="footnote">1</a></sup> análoga, se podría decir que hubo un aspecto natural a Internet en cada experiencia que nos ha formado. Hicimos amigos y enemigos en línea, preparamos machetes para los exámenes en línea, planeamos fiestas y sesiones de estudio en línea, nos enamoramos y rompimos en línea. La web, para nosotros, no es una tecnología que tuvimos que aprender y que nos las arreglamos para entender. La web es un proceso que sucede y se transforma continuamente ante nuestros ojos, con nosotros y a través de nosotros. Las tecnologías aparecen y luego se disuelven en las periferias, los sitios se construyen, florecen y luego se van, pero la web sigue, porque <em>nosotros somos la web</em>: nosotros, comunicándonos con los otros de una forma que nos es natural, más intensa y más eficiente que nunca antes en la historia de la humanidad.</p>

<p>Al ser criados en la web, pensamos de manera diferente. La capacidad de encontrar información es para nosotros algo tan básico como la posibilidad de encontrar una estación de tren o una oficina de correos en una ciudad desconocida. Cuando queremos saber algo —los primeros síntomas de la varicela, las razones del hundimiento del <em>Estonia</em>, o si la factura del agua no es sospechosamente alta—, tomamos medidas con la certeza de un conductor en un auto equipado con navegación satelital. Sabemos que vamos a encontrar la información que necesitamos en un montón de lugares, sabemos cómo llegar a esos lugares y sabemos cómo evaluar su credibilidad. Hemos aprendido a aceptar que, en lugar de una respuesta, nos encontramos con muchas diferentes, y de todas ellas podemos abstraer la versión más probable, descartando las que no nos parecen creíbles. Seleccionamos, filtramos, recordamos y estamos dispuestos a intercambiar la información obtenida cuando llega una más nueva y mejor.</p>

<p>Para nosotros, la web es una especie de memoria externa compartida. No tenemos que recordar los detalles innecesarios: fechas, cantidades, fórmulas, oraciones, nombres de calles, definiciones. Nos basta con un resumen, la esencia de lo que se necesita para procesar la información y relacionarla con los demás. En caso de que necesitemos los detalles, podemos encontrarlos en cuestión de segundos. Del mismo modo, no tenemos que ser expertos en todo, porque sabemos dónde encontrar a las personas que se especializan en lo que nosotros mismos no sabemos y en quienes confiamos. Las personas que comparten su experiencia con nosotros sin fines de lucro lo hacen debido a nuestra creencia compartida de que la información existe en el movimiento, de que quiere ser libre, de que todos nos beneficiamos del intercambio de información. Todos los días: estudiar, trabajar, resolver problemas cotidianos, perseguir nuestros intereses. Sabemos cómo competir y nos gusta hacerlo, pero nuestra competencia, nuestro deseo de ser diferentes, se basa en el conocimiento, en la habilidad para interpretar y procesar la información, y no en el monopolio de la misma.</p>

<h2 id="2-participar-en-la-vida-cultural-no-es-algo-fuera-de-lo-normal-para-nosotros">2. Participar en la vida cultural no es algo fuera de lo normal para nosotros</h2>

<p>Participar en la vida cultural no es algo fuera de lo normal para nosotros: la cultura global es el pilar fundamental de nuestra identidad, más importante para la definición de nosotros mismos que las tradiciones, los relatos históricos, la condición social, la ascendencia o incluso el lenguaje que utilizamos. Del océano de acontecimientos culturales escogemos los que nos convienen más, nos relacionamos con ellos, los revisamos, guardamos nuestros comentarios en los sitios web creados con ese propósito —que también nos dan sugerencias de otros álbumes, películas o juegos que después recomendamos—. Algunas películas, series o videos los vemos junto con nuestros colegas y amigos de todo el mundo; nuestras apreciaciones sólo son compartidas por un pequeño grupo de personas que tal vez nunca se encontrarán cara a cara. Por esta razón creemos que la cultura se está convirtiendo, simultáneamente, en algo global e individual. Es por eso que se necesita el libre acceso a ella.</p>

<p>Esto no quiere decir que exijamos que todos los productos de la cultura estén a nuestra disposición sin costo alguno, aunque cuando creamos algo, por lo general lo damos de vuelta para que circule. Entendemos que, a pesar del aumento de la accesibilidad de las tecnologías que ponen al alcance de todos la calidad de archivos de video o sonido hasta ahora reservada a los profesionales, la creatividad requiere un esfuerzo y una inversión. Estamos dispuestos a pagar, pero la comisión gigante que los distribuidores piden nos parece, obviamente, sobreestimada. ¿Por qué debemos pagar por la distribución de información que puede ser copiada a la perfección y sin ninguna pérdida de calidad? Si sólo estamos recibiendo la información por sí sola, queremos que el precio sea proporcional a ella. Estamos dispuestos a pagar más, pero esperamos recibir algo con valor añadido: un empaque interesante, un gadget, mayor calidad, la opción de verlo aquí y ahora, sin esperar a que el archivo descargue.</p>

<p>Somos capaces de mostrar aprecio y queremos recompensar a los artistas —ya que el dinero dejó de ser billetes de papel y se convirtió en una cadena de números en la pantalla, el pago se ha convertido en un acto simbólico de intercambio que se supone debe beneficiar a ambas partes—, pero las metas de ventas de las empresas no nos interesan en lo absoluto. No es nuestra culpa que su negocio haya dejado de tener sentido en su forma tradicional y que, en lugar de aceptar el reto y tratar de llegar a nosotros con algo más de lo que podemos obtener de forma gratuita, hayan decidido defender sus modos obsoletos.</p>

<p>Algo más: <em>no queremos pagar por nuestros recuerdos.</em> Las películas que nos recuerdan a nuestra infancia, la música que nos acompaña hace diez años: en la red de memoria externa son, simplemente, recuerdos. Recordarlos, intercambiarlos y desarrollarlos es para nosotros algo tan natural como las memorias de <em>Casablanca</em> lo son para ustedes. Encontramos en línea las películas que vimos cuando éramos niños y se las mostramos a nuestros hijos, tal y como ustedes nos contaron la historia de Caperucita Roja o de Ricitos de Oro. ¿Se imaginan que alguien los pueda acusar de violar la ley por hacer eso? Nosotros tampoco: no podemos.</p>

<h2 id="3-no-sentimos-un-respeto-religioso-a-las-instituciones-de-la-democracia">3. No sentimos un respeto religioso a las “instituciones de la democracia”</h2>

<p>Estamos acostumbrados a que las facturas se paguen de forma automática, siempre que nuestro saldo lo permita; sabemos que abrir una cuenta bancaria o cambiar nuestro móvil a otra red es sólo cuestión de rellenar un formulario en línea y firmar un acuerdo entregado por mensajería; un viaje al otro lado del continente y una corta visita a otra ciudad en el camino pueden organizarse en dos horas. En consecuencia, como usuarios del Estado, estamos cada vez más molestos con su interfaz arcaica. No entendemos por qué la ley de impuestos obliga a completar tantos formularios, el principal de los cuales tiene más de un centenar de preguntas. No entendemos por qué nos vemos obligados a confirmar oficialmente una dirección permanente para poder mudarnos a otra, como si los ayuntamientos no pudieran comunicarse entre sí sin nuestra intervención —por no mencionar que la necesidad de tener una dirección permanente, en sí, es suficientemente absurda—.</p>

<p>No hay rastro en nosotros de la humilde aceptación mostrada por nuestros padres, quienes estaban convencidos de que las cuestiones administrativas son de suma importancia y consideraban la interacción con el Estado como algo para celebrar. No creemos en el respeto enraizado en la distancia entre el ciudadano solitario y las majestuosas alturas donde reside la clase dominante, apenas visible entre las nubes. Nuestro punto de vista sobre la estructura social es diferente al suyo: la sociedad es una red, no una jerarquía. Estamos acostumbrados a iniciar un diálogo con cualquier persona, ya sea un profesor o una estrella del pop, y no necesitamos ningún requisito especial relacionado con el estatus social. El éxito de la interacción depende únicamente de si el contenido de nuestro mensaje será considerado importante y digno de respuesta. Y si, gracias a la cooperación, los debates continuos y la defensa de nuestros argumentos frente a la crítica, tenemos la sensación de que nuestras opiniones sobre muchas cuestiones son simplemente mejores, ¿por qué no deberíamos esperar un diálogo serio con el gobierno?</p>

<p>No sentimos un respeto religioso a las “instituciones de la democracia” en su forma actual; no creemos en su rol axiomático, como sí lo hacen quienes ven las “instituciones de la democracia” como un monumento por y para sí mismas. No necesitamos monumentos. Necesitamos un sistema que esté a la altura de nuestras expectativas, un sistema que sea transparente y competente. Y hemos aprendido que el cambio es posible: que cada sistema que no nos resulta confortable puede ser reemplazado y sustituido por uno nuevo, más eficiente, más adecuado a nuestras necesidades, que dé más oportunidades.</p>

<p>Lo que más valoramos es la libertad: la libertad de expresión, la libertad de acceso a la información y a la cultura. Creemos que es gracias a la libertad que la web es lo que es, y que es nuestro deber proteger esa libertad. Se lo debemos a las futuras generaciones, tanto como les debemos proteger el medio ambiente.</p>

<p>Tal vez todavía no le hemos dado un nombre, tal vez aún no estamos plenamente conscientes de ello, pero creo que lo que queremos es una democracia real, genuina. Una democracia que, quizás, es más de lo que sueña su periodismo.</p>

<hr />

<h2 id="créditos-y-licencia">Créditos y licencia</h2>

<ul>
  <li>Publicado originalmente en polaco como <em>“My, dzieci sieci”</em> por <strong>Piotr Czerski</strong>. Licencia CC BY-SA.</li>
  <li>Traducción al inglés: <strong>Marta Szreder</strong>. Licencia CC BY-SA.</li>
  <li>Traducción del inglés al español: <strong>Geraldine Juárez</strong>. Licencia CC BY-SA.</li>
</ul>

<div class="footnotes" role="doc-endnotes">
  <ol>
    <li id="fn:1" role="doc-endnote">
      <p><em>Bildungsroman</em>: la novela de formación o novela de aprendizaje es un género literario que retrata la transición de la niñez a la vida adulta. El término alemán original significa, literalmente, <em>novela de formación</em> o <em>novela de educación</em>, y fue acuñado por el filólogo Johann Carl Simon Morgenstern en 1819. Más información en <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Novela_de_aprendizaje">Wikipedia</a>. <a href="#fnref:1" class="reversefootnote" role="doc-backlink">&#8617;</a></p>
    </li>
  </ol>
</div>]]></content><author><name>Piotr Czerski</name></author><category term="cultura" /><category term="tecnología" /><category term="internet" /><category term="cultura-libre" /><category term="democracia" /><category term="generaciones" /><category term="piotr-czerski" /><category term="acceso-abierto" /><category term="manifiesto" /><summary type="html"><![CDATA[No necesitamos monumentos. Necesitamos un sistema que esté a la altura de nuestras expectativas. El ensayo del poeta polaco Piotr Czerski sobre la primera generación que no aprendió Internet: creció dentro de él.]]></summary></entry><entry><title type="html">Cien mil lempiras y 88 votos: la fusión silenciosa del Partido Liberal con el Partido Nacional</title><link href="https://surcomun.com/2026/04/23/cien-mil-lempiras-fusion-liberal-nacional.html" rel="alternate" type="text/html" title="Cien mil lempiras y 88 votos: la fusión silenciosa del Partido Liberal con el Partido Nacional" /><published>2026-04-23T15:00:00+00:00</published><updated>2026-04-23T15:00:00+00:00</updated><id>https://surcomun.com/2026/04/23/cien-mil-lempiras-fusion-liberal-nacional</id><content type="html" xml:base="https://surcomun.com/2026/04/23/cien-mil-lempiras-fusion-liberal-nacional.html"><![CDATA[<p>Hay semanas que describen un sistema mejor que cualquier ensayo. La semana del 7 al 17 de abril de 2026 es una de ellas. En diez días, un presidente del Partido Nacional entregó bonos de cien mil lempiras a diputados del Partido Liberal, el jefe de la bancada liberal reconoció públicamente haber gestionado esa transferencia, y esos mismos diputados votaron, junto al bloque nacionalista, para destituir al consejero del CNE que venía denunciando irregularidades en la elección de noviembre. Los hechos están encadenados, documentados y admitidos por sus propios protagonistas. Lo único que queda por decir es lo obvio: el Partido Liberal y el Partido Nacional, en este Congreso, no son dos partidos. Son dos corrientes de un mismo aparato, y ya ni siquiera se toman el trabajo de disimularlo.</p>

<h2 id="la-cronología">La cronología</h2>

<p>El martes 8 de abril, la diputada liberal Iroshka Elvir denunció públicamente que en su cuenta bancaria había aparecido, durante la Semana Santa, un depósito de cien mil lempiras proveniente de Casa Presidencial. Elvir fue clara: no pidió el depósito y en ningún momento lo solicitaría. Otros diputados liberales confirmaron, en los días siguientes, que habían recibido el mismo monto. El jefe de la bancada liberal, Jorge Cálix, salió a explicar: fue él quien gestionó la transferencia ante el gobierno de Asfura, para atender “proyectos sociales” en los departamentos, y anunció que seguirá solicitando apoyos similares.</p>

<p>Un día antes de que se destapara el depósito, el 9 de abril, el Congreso Nacional había admitido con 91 votos el juicio político contra el consejero del CNE Marlon Ochoa, el magistrado del TJE Mario Morazán y dos suplentes. La acusación: haber “obstaculizado” las elecciones de 2025, es decir, haber denunciado las irregularidades del proceso en el que el Partido Nacional terminó siendo declarado ganador por un margen menor al uno por ciento. De los 128 diputados, votaron a favor 91: toda la bancada del Partido Nacional (50), prácticamente toda la bancada del Partido Liberal (38 de 40) y parte del bloque de partidos menores. En contra: la bancada de LIBRE completa, más dos diputados liberales —los mismos Iroshka Elvir y Alejandro Canelas— que tuvieron la dignidad política de separarse del gesto.</p>

<p>El jueves 17 de abril, tras una sesión de nueve horas, el Congreso consumó la destitución con 88 votos. Ochoa, que no asistió a su propio juicio —lo llamó un “tribunal con sentencia escrita”—, salió del país ese mismo día, según informó después el diputado de LIBRE Marco Ramiro Lobo. La cifra aritmética importa: el Partido Nacional tiene 50 escaños. No hay ninguna forma de llegar a 88 sin el voto masivo del Partido Liberal.</p>

<h2 id="lo-que-los-números-prueban">Lo que los números prueban</h2>

<p>El funcionamiento matemático de este Congreso es lo primero que hay que mirar, porque desmiente por sí solo el discurso de oposición que el Partido Liberal intenta sostener hacia afuera. Con 50 diputados, el Partido Nacional no puede aprobar nada solo. Ni siquiera alcanzar la mayoría simple de 65 votos. Necesita —siempre, en cada votación relevante— que otro bloque se sume. Ese otro bloque, sistemáticamente, es el Partido Liberal.</p>

<p>Dicho de otro modo: nada de lo que el gobierno de Asfura está logrando en el Legislativo sería posible sin la complicidad activa de la bancada liberal. El juicio político a los funcionarios electorales que denunciaron el proceso de noviembre no es una excepción: es la primera demostración a gran escala de un patrón que probablemente se repita durante los próximos cuatro años. Y esa complicidad, ahora lo sabemos, no se negocia gratis.</p>

<h2 id="la-coreografía-de-los-bonos">La coreografía de los bonos</h2>

<p>Aquí conviene ser precisos, porque la palabra <em>soborno</em> es jurídicamente delicada y nadie en Casa Presidencial va a firmar un comprobante que diga eso. Lo que tenemos es una secuencia verificable:</p>

<ol>
  <li>El presidente Asfura decide, invocando su potestad, transferir cien mil lempiras a cuentas individuales de diputados, en su mayoría de la bancada liberal.</li>
  <li>El jefe de la bancada liberal reconoce que él gestionó la transferencia y adelanta que pedirá más apoyos de ese tipo.</li>
  <li>Casa Presidencial ejecuta la transferencia durante la Semana Santa, en cuentas personales, sin que los diputados tuvieran que firmar nada en el momento.</li>
  <li>Días después, esa misma bancada vota, prácticamente en bloque, la destitución de funcionarios electorales alineados con la oposición a Asfura.</li>
  <li>Dos diputados liberales —dos de cuarenta— se niegan a votar así y denuncian el depósito.</li>
</ol>

<p>La conclusión lógica no requiere imputar intenciones: las cosas que pasan juntas, pasan juntas. El propio Ochoa, en su carta pública antes del juicio, lo dijo con una frase que no es retórica sino descripción: verdugos que ya vendieron su voluntad. No es necesario que un fiscal pruebe en tribunales el vínculo entre el depósito y el voto para que, políticamente, ese vínculo sea evidente y público. Basta leer los periódicos con las fechas puestas una al lado de la otra.</p>

<h2 id="el-detalle-del-fondo-departamental">El detalle del Fondo Departamental</h2>

<p>Hay un agravante institucional. En los meses previos, el Congreso había derogado formalmente el Fondo Departamental, el mecanismo históricamente utilizado para que los diputados manejaran recursos discrecionales bajo la etiqueta de “ayudas sociales”. El presidente del Legislativo, Tomás Zambrano, del Partido Nacional, presentó esa derogatoria como un gesto de transparencia. Cuatro meses después, Casa Presidencial reintroduce exactamente la misma figura —mismo monto mensual, mismo destino, mismo nivel de rendición de cuentas, que es ninguno— pero ahora ejecutada desde el Ejecutivo hacia cuentas personales. Lo que se prohibió por la puerta de adelante volvió a entrar por la de atrás, y entró directamente al bolsillo de los diputados que el presidente necesita para gobernar.</p>

<p>Las declaraciones de los propios afectados completan el cuadro tragicómico. El diputado Mario Segura admitió haber recibido el depósito y dijo que su bancada no es tan barata para venderse por esa cantidad. La frase, pensada para desactivar la acusación, termina confirmándola: la discusión sobre si vendieron el voto se reduce, en su propio argumento, a una cuestión de precio.</p>

<h2 id="dos-partidos-una-maquinaria">Dos partidos, una maquinaria</h2>

<p>La tesis de que el Partido Liberal y el Partido Nacional son, en la práctica, dos corrientes de un mismo proyecto de poder no es nueva en Honduras. Tiene, por lo menos, el peso histórico de los últimos treinta años: alternancia sin diferencias programáticas, presidentes de ambos colores acusados por la misma corrupción, consejeros y magistrados repartidos entre las dos marcas como cuotas de un condominio. Lo nuevo —y lo que este abril hace explícito— es que ya ni siquiera la apariencia se cuida. El Partido Liberal no propuso una resolución alternativa al juicio político. No exigió garantías. No condicionó su voto a nada que tuviera sentido público. Recibió los cheques, gestionó más cheques y votó. Funcionó como bancada auxiliar del gobierno.</p>

<p>Si hay que atribuirle al Partido Liberal un mérito en esta legislatura, es éste: haber eliminado, con su comportamiento, la necesidad de que el debate sobre su identidad política siga abierto. No son centro, no son liberales históricos, no son oposición social ni socialdemócrata. Son, por descripción de sus propios actos, el ala económica y territorial del mismo bloque que gobierna desde el Ejecutivo.</p>

<h2 id="lo-que-queda-y-lo-que-no-queda">Lo que queda, y lo que no queda</h2>

<p>Quedan dos nombres —Elvir y Canelas— que sirven como prueba de que elegir distinto era posible. No hace falta romantizarlos; ninguno de los dos es Rosa Luxemburgo. Pero su voto demuestra, contra cualquier coartada que la bancada mayoritaria intente, que la disciplina partidaria no obligaba a votar con el Partido Nacional ni a embolsarse los cien mil. Quien votó así, quien aceptó así, lo hizo porque quiso.</p>

<p>Y queda la pregunta política más incómoda: ¿qué oposición real existe en Honduras cuando uno de los dos partidos tradicionales opera, en los hechos, como correa de transmisión del gobierno? La respuesta, por ahora, es que esa oposición existe sólo en LIBRE —herido, dividido y sin mayoría— y en las voces minoritarias dispersas. Ese es el mapa real del Congreso Nacional 2026-2030, antes de que termine su primer trimestre. Cualquier lectura que lo pinte distinto, incluidas las que emite la propia bancada liberal en sus comunicados oficiales, es una cortesía con los hechos que los hechos no merecen.</p>]]></content><author><name>Sur Común</name></author><category term="editorial" /><category term="honduras" /><category term="partido-liberal" /><category term="partido-nacional" /><category term="juicio-político" /><category term="marlon-ochoa" /><category term="nasry-asfura" /><category term="congreso-nacional" /><category term="editorial" /><summary type="html"><![CDATA[Entre el 7 y el 17 de abril de 2026, Casa Presidencial entregó bonos de 100.000 lempiras a diputados liberales y esos mismos diputados votaron junto al Partido Nacional la destitución del consejero del CNE que denunció fraude. No es alianza ni coincidencia: es el funcionamiento normal de un solo bloque de poder con dos marcas.]]></summary></entry></feed>